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Un día en Xavage



¡Hola nómadas! Hoy les voy a contar nuestra experiencia en el parque más extremo del grupo Xcaret: Xavage.


Si han leído otros artículos, ya se dieron cuenta de que su servidora no es la persona más extrema del mundo, de hecho, soy bastante cobarde cuando se trata de cualquier tipo de aventura, así que se preguntarán: ¿qué haces tú en Xavage? Bueno, lo mismo me pregunté en varias ocasiones.


Pero empecemos desde el principio. Del, Maca y yo, llegamos puntuales al punto de encuentro. El camión nos recogió en Puerto Cancún y en menos de una hora llegamos al parque. Xavage está sobre la carretera Chetumal – Puerto Juárez, en el km 338. A solo 25 minutos de la zona hotelera de Cancún. De hecho, es la misma ubicación de Xoximilco. (Solo que Xavage abre de 8 am a 5 pm y Xoximilco de 7 pm a 11 pm).


Al llegar al parque nos registramos y nos dieron una llave para el locker y un casco. Dejamos nuestras cosas y recorrimos los senderos (bastante lindos) hasta llegar al área de snacks (muy cerca de los lockers). Hasta ahí nada extremo. Tienen hot dogs, pizzas, fruta, galletas de avena y bebidas. En general, es un área bastante agradable. (Nota: aunque hay ceniceros por todos lados, no se puede fumar en el parque).





Desde el área de snack sigues los senderos que te llevan a las actividades, hay una ruta para los Monos (puentes colgantes) y el Halcón (tirolesa en donde vuelas en posición horizontal). Otra ruta que te lleva a la Barracuda (los rápidos), a la Libélula (el jet acuático) y al Puma (los Monster trucks).




Bueno, nuestro camino nos llevó al Puma, que, de todas las actividades, era la única que no me generaba nudos en el estómago. (Bueno, y los puentes colgantes porque los he hecho en otros lugares y no me asustan, después de todo no tienen bajadas de las que hacen que el estómago se te suba a la garganta). Ahí vamos las tres felices hacia los carritos.


La entrada muy padre, tiene un puma de piedra y entras por una tienda de souvenirs que está tematizada con esa actividad (muy estilo Disney en donde cada atracción tiene su propia tienda de souvenirs).






Eran como las 12 del día y no había mucha gente formada, como 10 personas máximo. Nos pusieron un video con instrucciones, un previo de la actividad y reglas: como que tienes que ser mayor de edad para manejar, contar con licencia, peso máximo, nada de embarazadas, problemas de espalda o cuello, cirugías, no llevar nada (teléfonos, carteras o todo lo que se pueda caer) y llevar zapatos cerrados.


Si hasta ese punto llevaste tu teléfono, no te preocupes porque en todas las atracciones tienen otra área de lockers que puedes usar para la atracción. Así no tienes que regresar todo el trayecto. Del traía unas sandalias abiertas así que decidió no hacer la actividad, pero grabó lo más que pudo (4 segundos cuando regresamos… Fue todo lo que pudo ver, de 30 minutos de recorrido).


Bueno, Maca fue la conductora designada, y después de que el guía nos diera instrucciones y nos ayudara con los cinturones de seguridad, salimos a la aventura. ¡Ah! Esta actividad no es acuática, pero te mojas un poco al final. Este circuito es de destreza no de velocidad… Son 15 obstáculos (como escaleras, mini pirámides, troncos y algunas curvas muy cerradas) en los que Maca y yo íbamos muertas de risa. El primer obstáculo parecía una pirámide o unas escaleras, y allá vamos zangoloteándonos hacia arriba, y en la bajada ¡ay Dios! Pues resultó que sí era una cosa extrema. El guía nos frenó y nos dijo que en las bajadas solamente frenáramos, nada de estar acelerando porque el mismo peso del carrito nos iba a hacer bajar. Bueno, pues muy bien, seguimos las instrucciones al pie de la letra y en las siguientes bajadas Maca no despegó el pie del freno (pero qué risa porque el carro sí hace alto total, aunque estés en plena bajada). Bueno ahí seguíamos rebotando de un lado a otro, y no contaré cada uno de los obstáculos porque sería un gran spoiler, pero sí voy a quemarles el último porque, (música dramática) fue algo que no olvidaré nunca.


En el último obstáculo, subimos y subimos y subimos, en una cosa que me pareció demasiado empinada y sin fin, y llegando a la cima (no tengo otra forma de describirlo), como el cinturón te tiene completamente pegado al asiento, no se alcanza a ver la bajada (o a lo mejor porque estoy chaparrita pero Maca tampoco veía), solo un hueco, como si fuéramos a caer al vacío (momento en donde inició el pánico). De repente, veo por una rendija la bajada, y al final un charco de agua. Bueno, yo empecé a gritar como una loca desquiciada (no puedo decirles exactamente lo que estaba diciendo, pero digamos que grité: ¡no manches!, ¡no manches!, ¡no manches!) mientras apretaba el cinturón hasta con las uñas. Maca, pensó que me estaba dando un ataque de pánico, y estuvimos allá arriba, quién sabe cuántos minutos (¿o segundos?), el punto es que por fin despega tantitito el pie del freno y avanzamos unos centímetros, quedando en lo que a mí me pareció un ángulo perfecto de 90º (ok, puedo estar exagerando un poco, pero sí está muy, muy empinado), y en esa posición tan espantosa, grité ¡más despacio!, ¡más despacio! Y volvimos a hacer alto total. Bueno, una bajada que en teoría podría durar unos segundos y quizá un grito largo, se convirtió en MINUTOS de gritos, carcajadas, y más gritos (lágrimas no, pero faltó poco). Bajamos a, ¿qué?, ¿2 kilómetros por hora? Haciendo alto TOTAL cada 10 centímetros. Nada más veíamos a la guía que estaba allá en frente esperando para recibirnos, haciendo señales de vamos, vamos. Solo me imagino la escena desde su perspectiva, ha de haber sido como caricatura: una bajada lentísima con un par de locas gritando a 2 km/hr. Bueno, con tal de decirles que el charco que nos iba a mojar, lo tocamos sin que salpicara una sola gota. Gracias a Dios Maca iba manejando, porque si yo hubiera estado en ese asiento, no hubiera habido poder humano que me hiciera soltar el freno.


Después de que la guía me prometió un premio por ser la más gritona, nos bajamos del coche, muertas de risa (obvio, ya estás segura y no moriste, puedes permitirte reírte), aunque yo seguía temblando. Secas por supuesto, y recibiendo miradas extrañas de la gente que estaba en la fila (cuando estábamos formadas no escuchábamos nada, así que asumimos que nadie había escuchado nuestro oso, y pues no, pues sí se escuchó. Vaya que se escuchó).





De ahí nos fuimos a la siguiente actividad: la Barracuda. Y las 3 estábamos listas. Nos ponen el video de seguridad, nos ajustan los chalecos, y esta vez, mi cuerpo empieza a advertirme de que quizá no es una buena idea (siempre escucha a tu cuerpo). Del también empezó a echarse un poco para atrás, pero honestamente esas dos son ¡unas extremas! Un grupo de guías muy entusiasta nos dio las reglas con todo un show y chistes (a mí me asustó mucho esta explicación, porque en mi mente, hasta ese momento, yo decía, seguro está divertido, y si me da mucho miedo, me tiro al agua y ya, es un parque, seguro puedo nadar a la orilla y se acaba), en las reglas te dicen que el lugar más seguro es siempre dentro de la balsa, no te caigas, y si te caes, ponte de muertito, piensa que estás bien, y nunca te pongas de pie, porque algo (la cosa que genera las olas, fue lo que yo escuché) te puede lastimar los pies (me imaginé algo que cortaba los pies, y el agua de pronto ya no se veía nada segura)). Maca, muy insistente dijo, nada de echarnos para atrás, ya estamos aquí, y ahí vamos a la balsa (eso sí, mucho no te caigas, pero te sientas casi afuera de la balsa, ¡agarrándote solo del pie! Y ni amarrado ni nada, solo metido ahí en donde encuentres). ¡Uf!


Allá va la balsa… Éramos Maca, Del, 2 venezolanos buena onda, el guía y yo. En los rápidos del mundo existen 5 niveles:

  • 0 aguas planas (no cuenta como nivel, pero así se llama)

  • I rafting calmo con algo de agitación

  • II cierta turbulencia, remolinos pequeños y bajadas de máximo 25 cms.

  • III rápidos con huecos, olas medianas (máximo un metro), zigzag, etcétera.

  • IV pozos, corrientes paralelas, remolinos, olas altas.

  • V cascadas, corrientes muy duras, olas impredecibles, pozos con remolinos…

En Xavage nos explicaron un poco de los niveles. Este río tiene partes con nivel I, II y III. Las instrucciones son: adelante (remar hacia el frente), atrás (remar hacia atrás), y piso (meterte a la balsa). Bueno cuando empiezas te suben a una rampa como las de las montañas rusas, en donde vas tuc, tuc, tuc, tuc, por una rampa negra con un mecanismo (mi corazón casi se sale al verla y empecé a remar hacia la entrada, arrepintiéndome de haberme subido). Esperaba una mega-bajada, pero no, solo te suben para empezar el trayecto por los rápidos. Me tranquilicé y permanecí en calma, remando como nos explicaron, durante aproximadamente 20 segundos. Hasta que vi la primera bajadita y la furia del agua (ok, no estaba taaan fea, incluso no vi las caras de mis acompañantes porque 1. Iba hasta adelante, y 2. Cerré los ojos). Aunque tenía que agarrar el remo con las dos manos, me aferré a la cuerda que rodeaba la balsa con una mano e hice mi mejor esfuerzo por remar con la otra. Y en esa bajada, por alguna razón grité ¡piso! Y me aventé al piso. Nuestro guía Asunción (que fue lo máximo, por cierto), gritó, ¡no piso! Pero mi instinto de supervivencia pudo más que la instrucción del experto (lo que me dice que mi instinto me matará algun día). El punto es que nos orilló y me cambió para atrás, justo delante de él, y prometió agarrarme si la cosa se ponía fea. Y ahí vamos otra vez, los 2 venezolanos hasta adelante, luego Maca con Del, yo y atrás el guía. Todos muy bien, hasta que salió volando el remo de la venezolana, y por supuesto le ofrecí el mío, (seamos honestos, entre que no soltaba la cuerda por ningún motivo, y que prácticamente iba hecha bolita ahí en el piso, aterrada), no estaba ayudando a nadie con mi remo. Así que lo tomó y seguimos, ellos con su recorrido emocionante, y yo con mi momento de tortura.


Llegamos al nivel II, y luego al III, y de pronto (yo seguía con los ojos cerrados, y gritando como loca, con las olas ahogando mis gritos), escucho ¡AGÁRRALA! Y abro los ojos para ver a Del flotando en el río. ¡Se había caído! ¡¿Qué?! Por supuesto, mi instinto de ayudar a otro pudo más que mi pánico y finalmente solté la cuerda a la que me estaba aferrando y saqué las manos intentando alcanzarla.


La escena fue de lo más extrema, estábamos en nivel III, y acabábamos de salir de una bajada fea, fue un rebote lo que la sacó de la balsa aparentemente, Maca, que iba junto a ella, nos contó que desde su perspectiva, vio a Del como en cámara lenta irse hacia atrás, y Maca trató de agarrarla pero sus dedos quedaron a unos milímetros de su chaleco y no alcanzó. Desde la perspectiva de Del, vio a Maca tratando de alcanzarla y de pronto estaba bajo el agua. Con terror la vimos ir hacia un muro (que al parecer algunos están cubiertos de una protección para que se te impactas contra él, no te lastimes), pero lo esquivó (supongo que la corriente le ayudó) y de pronto estaba de mi lado. La agarré del chaleco, y se la acerqué al guía con toda mi fuerza, y Asunción como todo un experto la jaló hacia adentro de la balsa. ¡Wow! No parecía estar lastimada, de hecho, se le veía la adrenalina a tope, yo solo pensé, ¡qué cool! En ningún momento entró en pánico, ni gritó, ¡nada! Es más, ya que la subieron dijo, me quedé sin remo. ¡Y ya! Wow. Bueno, eso fue en lo más extremo, y de ahí ya el nivel bajó, y parecía que ahora estábamos en el río de la sirenita, cuando está con Eric y se van a besar. Todo tranquilo. Pasamos por debajo de una cascada, y aunque ahorita mencioné a la sirenita, yo me sentía como Kuzco de las locuras del emperador cuando se convierte en llama y está sentado todo triste y mojado.




Pero siendo muy honestos, a todos les pareció muy divertido, y Asunción (que por cierto es de Veracruz, y experto en rápidos de verdad) nos hizo sentir muy seguros, y en general fue un gran, gran guía.


Para la Libélula, (el Jet acuático), solo quedaban Del y Maca, yo ya había tenido más que una dosis suficiente de adrenalina, y estaba francamente exhausta. Pero pude grabar la llegada de la lancha y a las dos les gustó mucho, especialmente a Maca, (Del se estaba congelando un poco y le había entrado agua al oído). ¡Pero se ve que es un buen ride!



Faltaban las demás actividades, pero decidimos ir a comer. El restaurante está muy lindo. Es una palapa bastante grande, con vista al río. Se pueden ver las trajineras de Xoximilco. ¡Ah! de hecho el Jet acuático usa los mismos canales que en la noche se convierten en el trayecto perfecto para las trajineras). El buffet estaba bastante grande, y con muchas opciones. Además, muy rico.





El staff es lo máximo, dan un super servicio, todos, y el lugar está hermoso. Los senderos son naturales, las tiendas tienen de todo… Ah, también hay un área para niños (o adultos que no quieran hacer actividades) con alberca, y toboganes. ¡Y hamacas! También uno puede ir a relajarse ahí.





A las 5 pm salió el camión de regreso. En general fue un buen día, que no olvidaré en el futuro cercano. La verdad es que con todo y miedo no me arrepiento de haber ido, después de todo, son recuerdos inolvidables y con Del y Maca, ¡uf! la mejor compañía. Así que nómadas extremos y no tan extremos, ¡se los recomiendo!


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